
El viernes pasado recordó que, un día como aquel mismo, hace dos años, llovió. Y sus miradas se cruzaron. Su corazón despertó, latió con una fuerza tormentosa, como nunca lo había hecho. Entonces lo buscó con la mirada para recordar viejos tiempos, pero pronto apartó sus ojos y decidió buscar con la imaginación. Allí, muy adentro de su mente, no demasiado... bueno, un poco... está bien, en la mismísima superficie de su mente, de sus recuerdos, estaba él. Y allí no pasaba el tiempo, pues había una historia que permanecía colgada de una ilusión que la alimentó durante bastante tiempo. En aquel apartado lugar de su cerebro y su pasado, volvían a ser como dos niños. Ella ya no le amaba, o puede que así lo hiciera pero no quisiera ser consciente de ello, o incluso que fuera consciente pero decidiera mentirse y fingir que lo olvidó. Pero cómo olvidar algo que nunca pasó, algo que nunca se materializó ante sus ojos, alguien que incluso no conociera. Cómo no iba a enamorarse de él, si solía hacer cosas tan bonitas, solía mirar de forma tan bonita, sus ojos eran como señales de humo que se balanceban en el aire y de las que solo ella se percataba. Sonreía tan bonito, huían a la vez del mundo y siempre se cruzaban en el mismo punto del mismo callejón, se evadían sus corazones por la ventana que asomaba al tejado más próximo y más allá al mar, los días caían como margaritas deshojadas a la luz del alba, las páginas se pasaban con delicadeza, sus vidas se chocaban y se disculpaban al instante por ello, las canciones de amor se bañaban de atardeceres, enlazaban sus ausencias, esbozaban sus deseos, trazaba su nombre en la pizarra verde, se manchaba de tiza las manos y de silencios el alma, aún sentía una pasión punzante entre sus dedos al deslizarse por el teclado, mientras mecía sus recuerdos e intentaba relatarlos. Se miraban casi sin quererlo, con un cortocircuito magnético, y la chispa que se prendía entre ellos era hermosísima, llenaba la oscuridad de pequeñas luciérnagas. Pero quién más lo sabría. Quién podría recordárselo, si nadie fue testigo de ello. El caso es que ella puede que ya no le amara y puede que él nunca supiera que ella alguna vez le amó, mucho, demasiado. O no a él sino a quien creía que era, de como era en su imaginación, de un sueño que jugaba a ser real, que se disfrazaba tras un rostro y unos ojos profundamente marrones, intensos, portadores de unos dardos que siempre apuntaban contra su corazón, bronceados de sol y de ilusiones. Él nunca sabría que albergaba dentro de su cuerpo una fantasía que alguien creó una vez para poder seguir caminando, de puntillas quizá, despacito, respirando a bocanadas su aire, el aire de su universo. Todo quedaría en un secreto, uno de ésos que esconden las más grandes verdades, de forma que ella escondería secretos y él se escondería siempre a sí mismo, todo lo que era, todo lo que alguien quiso conocer en algún tiempo.
Volvieron a ser como dos niños. O nunca crecieron. O no querían crecer. O no pudieron crecer. O simplemente es que no les había llegado la hora de dar la espalda a la inocencia, porque aún eran dos niños. Y lo serían siempre.

Todo el mundo necesita tener algo en que creer. Algún motivo para apagar el despertador y no seguir tirado en la cama. Me reconforta saber que he llegado a encontrar cientos de motivos, que a la vez podrían ser ninguno, ya que no me apoyo en la exactitud de ninguna razón bien definida que le dé significado a esta sucesión de instantes que llamamos vida, sino en la certeza de que esa razón existe y está allá afuera, una, o dos o tres, o cientos de ellas, cosas que merecen la pena ser vistas e imaginadas, ser tocadas, ser. Creo que cuando más sentido podemos hallar es cuando no tenemos ninguno y abarcamos la posibilidad de que haya infinidad de ellos a la vez, cuando hay montones de miradas y ninguna es la correcta, cuando oyes distintas frases y ninguna es la que esperabas escuchar, incluso te alegra saber que esas palabras están aún por llegar. Cuando pasan las horas y sonríes, y no pasa nada especial pero es justamente esto lo que hace que lo vulgar se convierta en hermoso, cuando aún no hay nada y el tremendo vacío es tan hondo que te mastica las entrañas y las despedaza. Entonces, justo entonces, es cuando menos vacío hay en realidad, pues te alimentas con la incertidumbre de que, quizás, todo sea posible. Cualquier cosa.

* Introducción: Todo comenzó cuando, a las siete de la mañana, decidí sacar de la cama a mi cuerpo y al mal humor de recién levantada que me caracteriza.
*Desconcierto.
-Causa: Nubes y niebla que, con muy mala ostia, amenazaban a mitad de camino.
-Consecuencias: a)Chaparrón.
b) Pelo jodido.
c)Ropa mojada.
d)Un frío de cojones.
-Principales hechos: -Visita a la fábrica/museo/iglesia.
-Andanzas calle abajo para buscar un techo bajo el que refugiarse, uso del chaquetón blanco y negro como si fuera un paraguas, acelerar el paso con miles de resbalones acechantes [miradas de cachondeo de los pocos habitantes que había incluídas].
-Paso de las horas en un área de servicio [eso sí, menos mal que estaba la expendedora de peluches, que si no...]
-Patearse el pueblo en tres escasos cuartos de hora buscando señales de vida. Ejemplo: gente, bar, kiosko, tienda, etc.
-Resolución del conflicto: -Mp3.
-Descojone en el autobús.
-Fotos bonitas.
-Risas.
-Más risas.
-Comentario: Después de todo, el día de ayer mereció la pena. Y también la han merecido estos dos trimestres y estas cinco horas de Revolución Francesa, pues cada vez es mayor mi capacidad de síntesis y realización de esquemas :]
[Mode on: ''Sin miedo...'']

Recibí una carta bonita. Recuperé un poquito de fe en mi mísma, ésa que nunca tuve. Fe en las cosas que suelo y no suelo hacer. Vuelvo a escribir, y lo más importante, vuelvo a creer en que eso sirva para algo. Hago planes. No me obsesiono con encontrar el final. Me río de nuevo a carcajadas de vez en cuando. Lloro de nuevo de risa de vez en cuando. Hago garabatos en la agenda y en mis ensoñaciones diurnas. Hallo sentido ante los momentos que se van sucediendo. Hago el tonto. No hago nada. Pienso en cosas. Vuelvo a encontrar un atisbo de luz detrás de algo que como siempre se mantiene oculto, pero no importa, porque al menos está ahí. Hay algo. Y eso es vale mucho más que nada.
'Nunca fue la bailarina más bella del salón.
Nadie se batió en duelo por ella, Sabina nunca la cantó.
Lautrec nunca dibujó sus bellas cicatrices.
Maldita Penélope, nunca regresó Ulises.
No se enamoró de ella ningún cliente,
y no se escondía el mar tras sus ojos verdes.
No había perdido a un hombre, no había desengaño,
sólo unas malas pociones, el hambre, algún fracaso.
La mujer más vieja del mundo
vende paz, espera de pie en lo oscuro,
a que vayas a su encuentro para curarte la herida,
para despejar tus dudas, para enterrarte en caricias,
para esconderte en sus manos, para que te amparen frías.
Recibiendo golpes, y no sólo de la vida.
Como hojas en otoño se iban cayendo sus días.
¿Qué harás cuando el tiempo devore todas tus horas?
Quizás te cubra la nieve, quizás envejezcas sóla.
Mientes y sonríes mientras te crece una ortiga
en la boca cuando besas una piel desconocida.
Y aunque sobrevivas, que no me cuenten batallas,
que no eres bruja del norte ni eres bienaventurada.'

Algunos caminaban sin saber muy bien a dónde ir. Bueno, prefiero decir todos, aunque aparentaran tener las respuestas a las preguntas que cualquier ser humano intenta contestar. No me refiero a que fueran a llegar al trabajo, a la cafetería de cada mañana o a comprar un periódico. Es decir… tú sabes muy bien a lo que me refiero.
Allí estaba ella, perdida entre la multitud. O la multitud perdida ante ella, no sabría cómo explicarlo. El caso es que no importaba que fuese pleno invierno y las botas de las adolescentes se toparan con sus alpargatas en los charcos de lluvia. No importaba que los paraguas le robasen las sombras del día, ni tampoco que su paraguas particular fuese su propio cabello. No importaba. Ella corría calle tras calle, a veces sin mirar a su alrededor, simplemente avanzaba un pies tras otro y corría, corría sin parar, ella más que nadie, más que nunca… sin saber a dónde iba. Pero no importaba. Lo único que importaba es que no permanecía parada… lo único que importaba es que deseaba encontrar su lugar.
No quería; no soportaba aceptar la derrota. Quizá porque ella no se sentía derrotada y puede que aquello fuera el verdadero fracaso, el sentirse rendido. No quería escuchar en boca de otros aquella maldita frase, aquella que atrapaba en el aire cada vez que intentaba rebotar en sus oídos, aquella que tachaba con otra frase cansada de existir saliendo de sus labios: 'nunca digas que he perdido'...

Díadelosenamorados. Ah, pues qué bien xD. Sé que mi ironía se debe a que no tengo a nadie con quien compartir miradas empalagosas y tarjetas con corazones pero, en fin, ya celebraré el día de la amistad.
El domingo comenzó la tercera temporada de la serie que más me ha conseguido enganchar jamás: Everwood. Una americanada llena de reflexiones, diálogos y tazas de café, pero me encanta. Será una de las razones por las que odiaré un poquito menos los domingos.
Total, faltan seis días. Un empujoncito más y...

Donde te esperé a ti, a mis anhelos, a mis estrellas fugaces, a ese tipo de cosas que nunca llegan. Y si es que llegan, se marchan demasiado pronto.

¿Y si no encuentro a esa persona que aprecie lo que soy y no lo que me gustaría ser? ¿Y si paso más tiempo añorándole que teniéndole a mi lado? ¿Y si no hay nadie que se vea capaz de aguantarme? ¿Y si lo hay y nunca se cruza en mi camino? ¿Y si no existe? ¿Es que el resto de la humanidad no siente pánico al pensar en la posibilidad de envejecer sola o es que lo tienen y no lo quieren admitir? Yo constantemente, creo que es casi una obsesión.

Nada, no te pasa nada, ganas de sentir nada, ganas de pensar en nada, de no recordar nada, de no decir nada, ganas de hablar de nada, de no hablar de nada. No hay nada, excepto... una canción a lo lejos. A veces, excepto sueños. Excepto nada.
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Ya que me he visto enfrascada en ésto, cumpliré parte del juego. 5 hábitos extraños:
- Subirme a la cama con un saltito, como si alguien fuese a salir de debajo de la cama y agarrarme o.0 [manías persecutorias]
- Ponerme siempre las mismas pulseras y anillos durante una temporada, éso si cuando las estrené me fue bien el día, porque si no... les cojo miedo.
- Abrir la ventana y asomar la cabeza por ella, suelo escuchar a los perros de los vecinos ladrar y mirar si el cielo está despejado o no, todo esto justo antes de acostarme.
- Escoger una canción según la racha que tenga, la cual tendré que escuchar al menos una vez al día hasta que se acabe esta racha o período y escoja otra.
- Llevar siempre encima un espejito y lápiz de ojos. Siempre siempre raya de ojos, más o menos gruesa según la ocasión.
Quien lea este texto definitivamente pensará que estoy un poco 'tocailla' ... eeeen fin ¬¬
Mo'nonymous on 'Ella se pinta...
Mo'nonymous on 'Ella se pinta...
Alma gélida
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