
Qué demonios importaba que el pasillo fuese largo, que no supiese lo que hubiera al llegar al final... qué demonios importaba! Si ella ya estaba en camino hacia alguna parte, ella ya estaba en marcha, preparada cualquier cosa que se cruzara en el trayecto. Porque volvía a creer en las casualidades destinadas a ocurrir, en los demás, se miraba de nuevo en el espejo y decía 'eh, te reconozco, sé quién está ahí detrás' y no se sentía una extraña por primera vez en mucho, mucho tiempo. Tenía la necesidad de sentir más, de alcanzar algo más, la esperanza de llegar un poco más lejos, de ser incluso mucho más de lo que era capaz de ser, de llegar al lugar al que pertenecía. Y al fin y al cabo todo eso era lo más importante, mucho más que el hecho de conseguirlo o no. Aunque suene a palabrería tontamente optimista...

Porque no merece la pena malgastar las palabras cuando todo se dice con unas cuantas imágenes que relatan momentos que no se pueden contar, de sensaciones que no puedes pararte a explicar porque no tienen ninguna explicación.
Y con este buen sabor de boca llegamos al post número 100...

Y todo, todo lo bonito de este mundo queda resumido en la perfección más imperfecta, en la calma más absoluta, en ti.
Una mirada y un pequeño cruce de palabras, en solo unos cuantos segundos, pueden mantenerte totantemente feliz [tontifeliz] durante más de 24 horas seguidas. Asomarte a la puerta y sentir un cortocircuito dentro del cuerpo, escuchar mi nombre en otras voces, observar desde lo lejos, admirar desde cerca, contar nuestros pasos, dibujar garabatos con los labios y traducirlos en palabras, traducir todos los sueños dentro de tus pupilas... ser plenamente consciente, quizá más que nunca, de por qué merece la pena seguir girando dentro de la línea del mundo. Porque aunque parezca lo contrario, no es amor lo que se me acumula dentro sino la vida.

Cambios. No estalló en carcajadas porque probablemente tendría que haber explicado el porqué. Pero lo cierto era que todo aquello le hacía gracia. La forma en que se comportaban, la forma en la que terminaban de dibujarse los días y el momento en el que escribir el punto y final. ¿Es que acaso había algo que no hubiese cambiado?
Gracias por haberme alegrado de manera muy especial estos dos últimos días. Necesito que sigas ahí, te necesito, de una forma u otra.

Ella amontona la utopía en el cesto de la ropa... utopía que empieza en las entrañas de su cuerpo, se derrama por sus dedos y al caer en el papel confluye en la boca de él. Humos celestes brotan detrás del cristal. También arden algunos planetas allá afuera. Ella los observa, es hermoso y misterioso, como tantas otras cosas. Coge un alfiler y sostiene con él los paraísos que habitan en su memoria, esparciendo algunos instantes vividos por aquí y por allá y otro tanto de aquellos recuerdos que aún están por venir. De repente pasa delante de sus ojos ese algo que llevaba esperando toda la tarde, quizás toda su vida, o incluso esperaría siempre... y zas!! Al llegar a la página en blanco, al territorio de la nostalgia (porque al fin y al cabo se escribe para no olvidar), no sabe ni cómo ni por dónde empezar. Y es que ni las cosas más sencillas ni las más grandes historias se cuentan, porque las cosas más esenciales, empezando por el amor, no se pueden describir... Si no me crees, inténtalo.

Ver brillar en sus ojos esa antigua inocencia,
volver a su patria,
izar la bandera...
esperar a los sueños al borde de la acera.
Amada infancia.
Lejana poesía,
ardientes palabras que brotan tras su pecho
y lo amarran,
le dan aliento,
se alimentan de nostalgia,
amada infancia.
Sientes la furia, la espera
absorbiendo a bocanadas tu aire,
llaman a la puerta
y tras ella no hay nadie.
¿Me escuchas?
¿Puedes escucharme?
Grita, ya no tras la puerta,
sino tras el crepúsculo de lo inevitable.
Se abraza a la estela
de los planes que trazaste,
la besa, la araña, se expande...
amada infancia.
Qué sentimiento tan salvaje
aquel que revolotea en tu cabeza
y no es capaz de materializarse,
de hacerse ojos, uñas, cuerpo,
presencia, palabra, eternidad.
Amada infancia.
Se marchó por la puerta de atrás.
Te aprisiona entre sus dedos
y traza con ellos líneas en tu cuerpo,
líneas que hablan de ti.
Amada infancia.
Se cae por las escaleras,
tropieza,
una y otra vez,
una
y otra vez,
y no hay nada que la detenga.
Amada infancia,
volveré a mi patria,
izaré la bandera,
y aunque ya no estés
velaré tu ausencia.
Amada infancia.
Dedicado a José Luis en el día de su cumple, más conocido como Soma :P Felicidades.
Mo'nonymous on 'Ella se pinta...
Mo'nonymous on 'Ella se pinta...
Alma gélida
Desordenada habitación
Dicen
Femme fatale
Horas muertas
Ni libre ni ocupado
Please please [Rock] me
Poesía contra el mundo
Sombras blancas
Una gota entre la inmensa corriente
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